Test de confianza en uno mismo
Dieciocho situaciones corrientes donde la confianza se ve de verdad, mucho más que en los grandes discursos.
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Sobre este test
Imaginamos la confianza en uno mismo como una cualidad que se tiene o no se tiene, audible en el tono de voz. En la práctica se lee sobre todo en microdecisiones: avisar de que un plato está frío, no soltar tu frase cuando te interrumpen, irte de una fiesta sin construir una coartada. Son gestos mínimos, y son los que suman.
Este test no mide por tanto lo que piensas de ti, sino lo que haces cuando hay un pequeño coste social que pagar. Es una distinción útil: mucha gente se considera insegura y actúa de forma muy directa, y lo contrario ocurre igual de a menudo. La diferencia suele estar en el terreno: uno es firme con los suyos y mudo tres pisos más arriba.
Ningún resultado de aquí es un veredicto y ningún tramo describe un problema. La confianza no es un rasgo fijo: es específica de cada situación, y eso es precisamente lo que la vuelve modificable. Las dieciocho preguntas son, de hecho, dieciocho pistas de entrenamiento, en el orden que quieras.
Cómo funciona
Cada respuesta vale 0, 2 o 4 puntos según el nivel de afirmación que supone. El total se lleva a 100 y después se compara con una distribución simulada para situar tu percentil. Responde con lo que haces de verdad, no con lo que te gustaría hacer: es la única versión del test que enseña algo.
Este test se ofrece únicamente como entretenimiento. No constituye un diagnóstico ni una opinión profesional.